martes, 10 de septiembre de 2013

"Ser como niños"

“Ser como niños”
Por Gab Pérez


Mateo 18:1-4

Nueva Versión Internacional (NVI)

“En ese momento los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
—¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?
Él llamó a un niño y lo puso en medio de ellos.
Entonces dijo: —Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos…”


Reflexión inicial

¡Qué fuertes palabras!
Se nos ha enseñado toda la vida que con una oración de arrepentimiento basta para recibir salvación, y este pasaje me hace pensar que tal vez una oración no sea del todo suficiente. ¡Necesitamos cambiar!

Me puse a reflexionar sobre qué cualidades puede tener un niño de tal forma que Jesús nos pida que cambiemos y regresemos a ese estado. Obviamente, si fuera regresar a ser como niños en forma literal, nadie sería salvo. Más bien creo que Jesús nos pide volver a aquellas cualidades que como adultos hemos perdido.


Aclaraciones importantes

Antes de seguir, me gustaría dejar en claro dos cosas:

a) No es volver a ser niños para ser inmaduros en nuestra manera de pensar.
La madurez únicamente viene mediante la renovación de nuestra mente (Romanos 12:2). El único capaz de renovar nuestro ser —espíritu, alma y cuerpo— es el Espíritu de Dios.

b) No volver a ser niños para regresar a ser tercos.
Balaam fue un profeta de Dios, contratado para maldecir al pueblo de Israel. Dios le habló (Números 22) y le advirtió acerca de no maldecir a un pueblo que Él ya había bendecido. Su terquedad lo hizo desobedecer, volviéndose insensible, a grado tal que no pudo ver al ángel de Jehová que se puso en su camino.

La terquedad nos ciega, y cegados no sabremos distinguir lo espiritual de lo carnal. Pudiera Dios ponerse enfrente de nosotros y no le veríamos.



 

Lo que significa volver a ser niños

Dicho esto, si hemos de volver a ser niños no es para hacer las mismas cosas que hacíamos cuando niños —inestables, tercos o ingenuos—. Si se trata de cambiar y volver a ser niños, creo que Jesús se refiere a lo siguiente:

1. Un niño no guarda rencor

Es increíble con qué facilidad puede perdonar un niño. Un instante puede estar llorando porque su hermano mayor le quitó su juguete y literalmente al minuto siguiente estar jugando con él como si nada hubiera pasado.

Sin embargo, nosotros nos hemos vuelto duros a medida que pasa el tiempo. Nos justificamos en el hecho de que realmente nos hicieron daño. ¡Y sí, el dolor fue real! Pero por más doloroso que haya sido, y sin importar lo que hayas vivido (aun y cuando esa persona realmente ocasionó un daño que marcó tu vida), Jesús te manda a perdonar.

Y no solo perdonar, sino también amar y bendecir a esas personas que te han hecho daño (Mateo 18:22; Mateo 5:44).


2. Un niño se asombra con facilidad

Uno de los pecados más graves, en mi punto de vista, es la costumbre.
La costumbre nos vuelve insensibles, nos hace ver todo tan natural. Nada nos asombra: creemos que todo lo hemos visto, todo lo hemos cantado, todo lo hemos escuchado. Hemos escuchado tantos versículos y tantas predicaciones en nuestra vida que simplemente… ¡no pasa nada! No hay cambio ni crecimiento.

¿Cuándo fue la última vez que te asombraste al ver el cielo, la luna, las estrellas, y recordaste que tu Dios fue el creador de todo eso?

 David nunca perdió su capacidad de asombro:

          
             “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,

La luna y las estrellas que tú formaste,
Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria,
Y el hijo del hombre, para que lo visites?”
(Salmo 8:3-4)

Seguirte asombrando te hará poner siempre a Dios en el lugar que Él merece: sobre todo y sobre todos. Te hará tener fe sobre cualquier circunstancia, reconocer tu necesidad y quién eres delante de Él.


3. Un niño depende cien por ciento de su Padre

Creo que aquí está el punto de todo este asunto. Así como un niño no podría subsistir sin su padre, necesitamos entender que nosotros no podemos hacer nada sin Él (Juan 15:5).

Deja de pensar que tú puedes solo. ¡Piénsalo! Cada vez vuelves al punto donde reconoces tu necesidad de Él. ¿Por qué seguir insistiendo?

Necesitamos confiar en que Él tiene cuidado de nosotros, dejar de preocuparnos por cosas terrenales. ¡Nada somos sin Él! Esto nos debe llevar a descansar de afanes y a descargar toda nuestra confianza en el hecho de que nuestro Padre jamás nos dejará (Mateo 28:20).


Conclusión

Necesitamos cambiar.

Si no cambiamos, no podremos entrar en el reino de los cielos.


G bless! =D

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